Breves conceptos acerca de la enunciación

UNIDAD 5 TEXTO BASE 1

En las unidades anteriores, las números 3 y 4, hemos estudiado las características de los textos, sus propiedades, algunas posibles tipologías. Estas especificaciones nos han demostrado la complejidad de la escritura. Es decir, en los encuentros anteriores hemos comprobado que los discursos están lejos de presentarse como un conjunto homogéneo.

En esta instancia, vamos a estudiar la manera correcta en que se deben trabajar las inclusiones de diferentes voces en un texto.

Desde la comprensión hemos visto que muchas de las noticias que se publican diariamente contienen declaraciones o conceptos de personas que hablan en ella; de modo que se trata de textos que contienen más de un discurso. Sin embargo, al concluir la lectura nos han quedado claro los conceptos atribuibles a cada uno de los sujetos que intervinieron en el texto.

Desde la producción hemos comprobado que cuando necesitamos incluir en el texto los dichos de alguien diferente al sujeto enunciador marcamos el escrito con señales tales como dos puntos, comillas, guiones y comas, justamente para indicar esa diferenciación que necesariamente debe quedar nítida hacia el interior del texto y hacia el lector.

Si superamos la esfera del discurso de los periódicos y ampliamos la observación, podemos comprobar que citar palabras de otros y relatar dichos que otros emitieron, forma parte de la utilización del lenguaje que hacemos desde que adquirimos la lengua materna, en los ámbitos familiares y cotidianos hasta esta nueva etapa del quehacer universitario, en la escritura de exámenes, trabajos prácticos y monografías, en la investigación y, también, cuando nos desempeñamos oralmente.

En esta unidad proponemos, como objetivo de trabajo, conocer y ejercitar los modos que nos ofrece el idioma para presentar correctamente los dichos de distintos enunciadores que intervienen en los textos.

El problema de referir enunciados plantea al escritor una cuestión de responsabilidad respecto de su texto, por cuanto inevitablemente manipula discursos de otros. Si bien estamos a esta altura rozando un problema ético que podemos empezar a pensar, en esta unidad de trabajo comenzaremos a incorporar saberes teóricos y técnicos para decir bien lo propio y lo ajeno.

Ahora, vamos por partes.
Referir enunciados es un problema incluido en un fenómeno lingüístico mayor: la enunciación. Las investigaciones sobre este asunto se agrupan en lo que se denomina Teoría de la Enunciación.

Breves conceptos acerca de la enunciación

Pero, ¿qué es la enunciación?
En principio, podemos responder a esta pregunta de la siguiente manera:

  • aparición del sujeto en el enunciado
  • relación del hablante con su interlocutor a través del texto
  • actitud del sujeto con respecto a su enunciado

En los años ’70, el lingüista francés Emile Benveniste, siguiendo a su antecesor y padre de la lingüística, Ferdinand de Saussure, aceptó reconocer que para estudiar el lenguaje corresponde hacer una división en dos grandes cuerpos de investigación: lengua y habla; cada sector con sus características y sus rasgos peculiares e identificatorios.

Recordemos que Saussure, cuyos estudios se desarrollaron entre 1875 y 1913, definió la lengua como un sistema de signos y le asignó la esfera de lo social, lo esencial, lo homogéneo. Opuso a la lengua, el habla, que describió como individual y accesoria, que no puede reconocerse como un sistema, por consiguiente, constituye un campo en el que la aplicación de normas y reglas no es posible.

Aunque para Saussure el habla no puede ser normativizada, Benveniste sostiene, años después, que el habla puede constituir un sistema.

Benveniste definió la enunciación como “la puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual de utilización”. Es el “acto mismo de producir un enunciado y no el texto del enunciado”.

El hablante moviliza la lengua por su cuenta, convierte a la lengua en discurso y se coloca en posición de hablante por medio de índices específicos. En sus estudios, Benveniste dedicó mucha atención a estos índices específicos de la enunciación por cuanto constituyen señales, huellas, marcas, que el hablante deja en el enunciado y son la evidencia de que se ha consumado ese acto único e irrepetible que es cada enunciación.

Otro lingüista, Oswald Ducrot, dice: “La realización de un enunciado es, en efecto, un acontecimiento histórico: algo que no existía antes de que se hablara, adquiere existencia, para dejar de existir después de que se deja de hablar. Llamo enunciación a esa aparición momentánea”. (O. Ducrot, “El decir y lo dicho”)

Ubicación de marcas o índices de enunciación

En la lengua existen entidades cuyo significado tiene status estable y pleno y otras, cuyo significado está incompleto que son producidas por el aparato formal de la enunciación, que sólo existen en el sistema de individuos creados por la enunciación y en relación con el aquí y el ahora del hablante. Se trata de signos vacíos, o pseudosignos, que son los mismos para todos los hablantes y que se cargan de un contenido único cada vez que se emplean.

Para entenderlo mejor daremos un ejemplo de signo pleno. Consideremos el signo:

mesa

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto o significado que responde a la representación social de un objeto inanimado compuesto por una tabla y una o varias patas que se utiliza para apoyar objetos, comer, etc. El signo mesa siempre designa a ese objeto que responde a las características generales de mesa.

Ahora consideremos un ejemplo de signo vacío.
Veamos el signo:

yo

Está integrado por una imagen acústica o significante y por un concepto que remite a la primera persona verbal pero no designa a alguien, sino únicamente en el momento en que es pronunciado por una persona que se identifica a sí misma como yo. El signo yo es nuevo siempre; tiene la capacidad de variar de significado cada vez que se usa; depende de quien dice yo y el contexto en que se produce la emisión para que podamos entender plenamente a quién designa yo.

Otros ejemplos de signos vacíos son ayer, aquí, este, mañana, mío, nuestro.
Estos signos vacíos que tienen que ver con el tiempo y el espacio en que un hablante produce un enunciado se llaman índices de enunciación y hay varios tipos:
A. índices de persona
B. índices de ostensión
C. tiempos verbales
D. modalizadores.

Los abordaremos con ejemplos del texto de entrevista a Rosa Montero que se presenta completa.

A. Indices de persona

Cuando las personas utilizamos la lengua para comunicarnos construimos enunciados en los que dejamos señales o índices que sólo tienen validez para ese momento de utilización.

Veamos estos ejemplos :

“La verdad es que yo me paso la vida escribiendo

“Ah…¿sí ? Mira tú. Ni mi editor se dio cuenta con todo lo que se le paga”.

Se define como antisexista y, desde sus columnas en el diario español El País, – labor por la que ganó en 1980 el Premio Nacional de Periodismo – emprende una defensa encendida de los derechos de la mujer, de las minorías discriminadas y de la no violencia.

Ahora, analicemos.

¿Quién o quiénes aparecen en estos enunciados?

¿Quiénes están presentes?

Observarás con nosotros que en el primero, alguien se autonombra en el enunciado como yo, mientras en el segundo, alguien que coincide con yo, se manifiesta en el enunciado a través del índice mi y también instala a otro frente a sí, a quien formula la pregunta y a quien denomina . Para estos ejemplos, yo coincide con Rosa Montero, mientras que coincide con la entrevistadora Andrea Centeno. En el tercero, el sujeto de la enunciación no se hace evidente, salvo a través de la marca sus, que funciona como una referencia lejana, no relacionada inmediatamente con la instancia de la enunciación.

En estos ejemplos, podemos identificar a yo, mi, tú, como índices de persona. Según Benveniste, la aparición de los índices de persona sólo se produce por la enunciación. Yo y tú poseen marca de persona frente a él, que solo sirve para representar un invariante no personal.

¿Qué significan los vocablos yo y tú fuera de un enunciado?

¿Tienen la misma categoría de otros signos plenos de contenido si los comparamos con otros vocablos que aparecen en los ejemplos, tales como “columnas”, “premio”, “mujer”, “minorías”?

A esto nos referíamos anteriormente cuando decíamos que el aparato formal de la enunciación dispone de unos signos vacíos o pseudo-signos, tales como yo-tú que solamente significan o se cargan de significación en el momento de la enunciación, en el acto mismo en que son dichos y solamente sirven para significar en la instancia del discurso en que son producidos.

Yo, remite solamente a “la persona que enuncia la presente instancia del discurso que contiene a yo“ y solamente puede ser identificado por la instancia del discurso que lo contiene.

Tú, remite a lo que yo instala como el individuo a quien se dirige la presente instancia del discurso.
En cambio, él contiene, según Benveniste, índice de no-persona y tiene las propiedades de combinarse con cualquier referencia de objeto, no remitir a la instancia del discurso, tener una cantidad de variantes pronominales o demostrativas y no ser compatible con índices como aquí y ahora.

B. Indices de ostensión

Estas marcas o índices comparten con los índices de persona, la condición de signos vacíos, si se los analiza en forma aislada. Se cargan de contenido cuando son pronunciados y eso ocurre únicamente por el dispositivo que acciona cada acto de enunciación.

¿Cuáles son y cómo aparecen los índices de ostensión?

Primero, pensemos una noción o idea aproximada al significado del término ostensión. Podemos recurrir a otras palabras parecidas que conocemos, como ostensible, ostentar, ostentoso. Todos estos términos que nos resultan más familiares se relacionan con la idea de algo que se manifiesta, que se muestra, que se exhibe intencionalmente.

A modo de ejemplo, vamos a suponer la siguiente conversación entre dos personas:

– ¿Dónde está mi saco ?
– Acá.

Quien pronuncia el término acá, realiza al mismo tiempo un gesto de señalamiento hacia un lugar cercano a los protagonistas que hace ostensible el saco. El término acá, lo mismo que allí, allá, aquí, éste, ése, aquel, todos pronombres demostrativos, no tienen autonomía ni plenitud conceptual; sólo se cargan de sentido en cada instancia en que son pronunciados.

El dispositivo de funcionamiento de la enunciación con respecto a estos índices, como podemos ver, es similar a los índices de persona; nacen de la enunciación, son nuevos en cada nueva enunciación, remiten a individuos y no a conceptos.

C. Tiempos verbales

En relación con el aquí y el ahora del hablante, tenemos que considerar también el factor temporal. Veamos primero el ejemplo:

Nació en Madrid hace 47 años y el sábado último llegó por quinta vez a la Argentina para presentar su séptima novela, ‘La hija del caníbal’, que desde hace casi un año vende un ejemplar cada cuatro minutos en España.

Para poder tener una idea acabada de la ubicación temporal de este enunciado nos faltan datos que hagan posible precisar a qué sábado se refiere con el sábado último y a partir de qué momento se puede medir hace casi un año. Si nuestro contacto con el ejemplo tuviese el contexto adecuado, (texto completo, página completa, diario completo) esos datos estarían disponibles en simultáneo con la lectura de la entrevista y por consiguiente, las marcas o señales temporales quedarían más claras aún.

En el ejemplo también encontramos los verbos vender en tiempo presente y nacer y llegar en pasado. Los tiempos verbales en pasado tienen valor de pasado únicamente porque contrastan con un presente que coincide con el presente de la enunciación, con el ahora de la enunciación. Así la referencia temporal hace casi año puede entenderse como el tiempo que ha transcurrido hasta el presente o el ahora de la enunciación, y el sábado último puede entenderse como un lapso de tiempo entre ese día y el hoy, el presente de la enunciación.

Según Benveniste, “el presente es propiamente la fuente del tiempo”; el presente es el tiempo testigo. Cuando en el enunciado se emplea ayer, éste signo tiene contenido sólo por su relación con el punto de referencia que es el ahora de la enunciación. Si cambia este punto de referencia, hay que reajustar las expresiones temporales.

D. Modalizadores

Además del aspecto indicial que describió Benveniste, es conveniente considerar también cómo operan los modalizadores del discurso por cuanto también constituyen el fenómeno de la enunciación. El concepto de modalización se define como la marca dada por el sujeto a su enunciado; la adhesión del hablante a su propio discurso. Esta adhesión, que puede presentarse más o menos intensa según los enunciados, suele cumplirse a través de los adverbios, como quizá, evidentemente, naturalmente.

Tomamos otro fragmento de la entrevista a Rosa Montero :

“Afortunadamente, creo que los violentos son parte de una minoría patológica”.

A través de la emisión afortunadamente, el enunciador imprime a su enunciado una adhesión muy subrayada, muy positiva. En cierta manera, también muestra que el enunciador manifiesta un juicio de valor con respecto a su enunciado.

En resumen, tanto en las tareas de comprensión como en las de producción es necesario tomar en cuenta las marcas de enunciación, denominadas también deícticos, para detectar la presencia del hablante en su propio texto. Los índices de enunciación o deícticos no se confunden con los anafóricos. Estos últimos operan siempre como elementos de articulación textual y se pueden analizar independientemente de la enunciación. En cambio, los índices de la enunciación remiten siempre a la enunciación.

Para mostrarlo con un ejemplo: Este acto remite al lugar que designa sin necesidad de que aparezca un antecedente textual que lo conecte. Los índices entablan una doble relación: con el sujeto y con el objeto.

Sujeto éste libro Objeto
ése libro
aquel libro

 No sólo indican proximidad respecto al sujeto sino que remiten a un objeto que, en cierta medida, denotan.

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